Esto empieza 6 años atrás, cuando una noticia invade tímidamente los medios de comunicación de occidente. El 23 de abril de 2013 el complejo fabril Rana Plaza, en las afueras de Dhaka (Bangladesh) crujió bajo los pies de sus miles de apretados ocupantes. Despavoridos, fueron obligados a volver a las máquinas. Al día siguiente, la fábrica se derrumbó con ellos dentro: el resultado fueron 1.134 cadáveres y más de 2.000 heridos.

Esto empieza 6 años atrás, cuando una noticia invade tímidamente los medios de comunicación de occidente. El 23 de abril de 2013 el complejo fabril Rana Plaza, en las afueras de Dhaka (Bangladesh) crujió bajo los pies de sus miles de apretados ocupantes. Despavoridos, fueron obligados a volver a las máquinas. Al día siguiente, la fábrica se derrumbó con ellos dentro: el resultado fueron 1.134 cadáveres y más de 2.000 heridos.

Esta fue la razón por la que emprendimos un viaje a Asia, con el objetivo de grabar un documental que destapara la realidad oculta de la industria responsable de las mayores devastaciones medioambientales e injusticias sociales, nada más y nada menos que la segunda industria más contaminante del mundo, la industria de la moda.

Lo que vimos en este viaje no podemos explicarlo con palabras. Por un momento fuimos cómplices de una escena donde nos encontrábamos sujetando una cámara de más de 1000 euros, un ordenador y todo el equipo fotográfico en la espalda, enfocando a un niño de 16 años que trabajaba en condiciones laborales horribles. Ejercía jornadas de trabajo de más de 8 horas y cobrando menos de 2 euros al día. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que en Bask no estábamos dando una solución a este problema. El chico se llama Jewel y llevaba trabajando más de 2 años. Solo había recibido educación desde los 6 a los 9 años y no le admitían en la escuela por ser "mayor".

Durante todo el viaje, esta fue una de las historias que más nos impactó. Nos saltaron las lágrimas de la tristeza, de la impotencia, de ver el problema, pero no la solución. Pero a veces, pasamos por  alto el gran papel que desempeñamos en este sistema, pasamos por alto, que muchas personas pequeñas en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo y nosotrxs queremos ser alguna de esas personas pequeñas que puedan ser parte del cambio de esta realidad que se encuentra detrás de lo que vestimos.

Hasta entonces pensábamos que la manera más ética y sostenible a la hora de producir nuestras prendas se basaba en una confección local. En este viaje nos dimos cuenta que hay muchas personas que no tienen la oportunidad de trabajar en una manera digna y que no todo lo que está producido en India y Bangladesh tiene que ver con las consecuencias devastadoras de la industria de la moda. Nuestro reto está claro, cambiar la realidad social que se encuentra en estos países y ayudar a la transformación comunidades utilizando la moda como motor.

DESPUÉS DE VIVIR ESTA SITUACIÓN NO NOS PODÍAMOS QUEDAR CON LOS BRAZOS CRUZADOS.

Este proyecto principalmente va dirigido a esas personas en exclusión social que trabajan en talleres que ni la seguridad, ni las condiciones, ni los salarios son dignos para poder vivir una vida plena fuera de la pobreza extrema que sufre una gran parte de las personas en Bangladesh.

Este proyecto también va dirigido a todas las personas que quieren ser parte de una transformación social en el mundo de la moda, a esas personas que quieran tener la oportunidad de vestir algo más que una prenda. Cada prenda que se confeccione en este taller significará una vida digna para la persona que está detrás de nuestra etiqueta Proudly Made in Bangladesh.

Únete a la familia y sigue todas las historias y aventuras de la comunidad.

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